6 de marzo de 2008

El orgullo de ser la nieta de...

Esta semana Papapo cumplió 80 años. Papapo mi abuelo materno, un hombre que para mi siempre fue inaccesible, que estaba muy lejos de ser el abuelito de Heidi. Cuando éramos chicos con él todo era disciplina; no se podía andar en patas; no se podía gritar demasiado, porque él dormía la siesta; había que comer sin hacer mucho ruido, porque en la mesa de los grandes él estaba hablando de cosas muy importantes. Los almuerzos de los domingos eran eternos y no podíamos levantarnos a jugar hasta que los mayores no coman el primer plato, segundo plato, postre y café. Nos perdíamos las mejores horas de sol para estar sentados tirándonos pan de contrabando y pidiendo cada cinco minutos permiso a mamá o a nuestras tías para ir a meternos a la pileta. Finalmente hartas de luchar para que nos quedemos quietos y nos comportemos como los adultos que no éramos nos dejaban marchar, aunque siempre nos acompañaba alguno de los grandes porque teníamos prohibido estar en la pileta sin supervisión.

Esta semana Papapo cumplió 80 años y me di cuenta de cuanto lo quiero. Cambió muchísimo. Con el paso de los años decidió dejar de ser tan rígido y aprendió a disfrutar a sus hijos y nietos. Creo que con la llegada de los bisnietos comenzó la transformación. Fue un bisabuelo relativamente joven. La ternura de la tercera generación lo hizo ablandarse y empezamos a ver gestos de cariño que nunca habían sido dirigidos hacia nosotros. Y así por la grieta que se abrió entramos todo el resto de la familia y la relación empezó a cambiar.
Esta semana Papapo cumplió 80 años y pidió la palabra al terminar la comida. Se aseguró de que estuviéramos todos y empezó a hablar. Nos contó que había tenido una infancia muy feliz, pero que su padre murió cuando tenía 12 años y nunca aprendió lo que era el diálogo. Que nunca había sabido como acercarse simplemente a charlar, pero que siempre quiso estar presente siendo como un ángel guardián para nosotros, asegurándose de que nada nos falte.
Mi abuelo, es un médico pediatra excelente, un hombre honesto que con todas sus limitaciones aprendió que nunca es tarde para cambiar. Por eso a los 80 años pudo pedir perdón por sus errores y decir por primera vez que nos quiere mucho y que se siente orgulloso de la familia que deja (5 hijos, 14 nietos y por ahora 5 bisnietos).

El otro día Papapo cumplió años y me hizo descubrir que estoy muy orgullosa de que sea mi abuelo.

2 comentarios:

Carlos dijo...

Me hizo emocionar tu posts...es muy lindo..

Anónimo dijo...

me encanto amiga!
te quiero.
pau